Paco MC es mi padre, cronista de tantas excursiones y tantos paseos de los Mierconistas. Hoy aquí se cuelan dos, Ramón mi hermano y yo, que no cumplen del todo uno de los requisitos del buen Mierconista, que es ser fiel a los miércoles de excursión. Hoy sí, por amistosísima invitación, y por tomarnos un día de vacaciones, hemos podido cumplir. Participar con amigos de nuestro padre es un privilegio, y una gran alegría, porque no son otra cosa sino amigos con los que íbamos a estar.
Paco ha cedido el testigo de escribir a otros cronistas menos avezados, no porque se le acabara la inspiración, sino porque ahora ve las cosas de otro modo. Las fotos son una pálida imagen de la realidad, aunque ayuden mucho a recordar y a contemplar, y la narración un ejercicio para hacer eterno lo fugaz. El disfrute de Paco ha dado paso a la feliz contemplación del presente eterno, de la Verdad imperecedera. Esa es nuestra esperanza.
Este cronista no ha recogido el testigo. ¡Faltaría más! No soy mierconista, y eso debe ser suficiente argumento para no recoger ningún guante, y porque hay miembros muy avezados en las materias fotográfica y escrita, que pueden hacer verdaderos prodigios, y de este modo dar continuidad a este lugar de encuentro, como decía al principio.
Estaba pendiente, al parecer, un homenaje a Paco MC. Los mierconistas son, aparte de amigos, caballeros de tomo y lomo. Hombres curtidos en mil batallas de la vida, que siguen sin doblegarse, y que prefieren la senda por la montaña a la siesta del carnero, cueste lo que cueste. Si bien, dicho sea de paso, lo cortés no quita lo valiente. Y por eso el homenaje no era una calcetinada - vocablo procedente de un miembro de la familia Alcalde: dícese de aquella excursión que puede hacerse sin más calzado que los calcetines -, sino un subibaja, con fuertes calores ya otoñales, de esos que pueden romper tanto el resuello como las piernas. La ruta la había diseñado Paco MC a finales de año pasado, y no defraudó, porque las vistas eran magníficas, y los escenarios de cuento.
10:30. Hora de la cita, en el parking del barrio de San Lorenzo, en Segovia. La llegada es escalonada, no por pereza al madrugón, sino por intensos tráficos en Madrid. Sol intenso, ya calor, unos 25ºC, pero de momento agradable. La ruta está planteada para pasar por diversos monumentos e iglesias, que no se van a visitar para no hacerla demasiado larga, y poder llegar a Torrecaballeros a comer, último hito del día.
11:00. Paso por la plaza de San Lorenzo, plaza despejada y amplia, con presencia de la preciosa iglesia románica del mismo nombre. Prácticamente nadie. Me sorprende que aquí, a escasos 10 minutos de la salida, el grupo ya no es tal, y los mierconistas plantean su propio ritmo. Estimo que los conceptos paseo, excursión y ruta son aplicables y cada uno lo pone en práctica de manera particular.
La imagen no es fiel a la plena forma de Gonzalo
Agradabilísimas conversaciones, con Paco A., con Gonzalo, y con quienes pudimos juntarnos durante el descenso Eresma abajo. Y muchas eran sobre mi padre y sus virtudes. Noté cierta emoción en Paco A. cuando reconoció la acogida que tuvo mi padre con él cuando se incorporó al grupo. Así que apenas pude contemplar lo que nos rodeaba, y lo que iba a apareciendo.
La huella literaria en el puente que cruza el Eresma en la calle escalinata del antiguo Hospicio, nos recuerda que no hay que perder la esperanza en esta España nuestra, aunque bien podríamos decir “si Machado levantara la cabeza” no tendría que poner su volado balcón de la mirada, sino someterse a una operación de cataratas:
EN SEGOVIA UNA TARDE DE PASEO
POR LA ALAMEDA QUE EL ERESMA BANA
PARA LEER MI BIBLIA
ECHE MANO AL ESTUCHE DE MIS GAFAS
EN BUSCA DE ESE ANDAMIO DE MIS OJOS
MI VOLADO BALCON DE LA MIRADA
ANTONIO MACHADO, 1919
Ya estábamos en la Alameda, dejando a la derecha, que apenas se dejaba ver, el Monasterio del Parral, donde quedan los únicos monjes jerónimos del mundo. Gracias a Dios, por lo que me han dicho, un joven se acaba de incorporar. Foto de grupo en la fuente.
Pasamos junto a algunos edificios que en tiempos reunían parte de la industria segoviana, muy asociada al río; también la Casa de la Moneda, renovada hace alguna década. Industria hoy resumida en turismo, servicios, y funcionarios. ¡Jo qué industria!
Un inquieto Ignacio nos recuerda que vamos a paso de paseo vespertino después de comer, y que si no aceleramos no comeremos. Así que seguimos paseo junto al río, entre árboles inmensos y césped bien cuidado, para encontrarnos, casi de repente, con la enorme mole del Alcázar. Pasamos por un verdísimo prado, donde una chavala nos enseña una suerte de mochila transparente, de metacrilato, donde aloja a un pajarito. Hay que ver qué cosas hace la gente.
Dejamos a la derecha la Fuencisla, y vamos derechos a cruzar el río de nuevo para encontrarnos ya la subida al mirador del Alcázar. No sé si esta rampa es rompepiernas… pero el calor y el cambio súbito de pendiente creo que dejó maltrecho a más de uno, o quizá sería el encuentro casi repentino con el Alcázar que deja sin respiración. ¿Conocería esto mi padre? Nosotros desde luego no. Y es para repetir, y quedarse ahí horas de contemplación.
Cruzada la carretera, y bajando hacia el río por una pasarela y unas escaleras, Aurelio comenzó a describir los prolegómenos de lo que pareció ser, minutos después, un golpe de calor. Creo también que mi conversación aceleró el malestar, y ni siquiera el agua y el Gatorade fueron suficientes para darle un poco de combustible. A pesar de la belleza y suavidad del paseo, que dejaba a la izquierda la gran mole de piedra base del Alcázar, y discurría entre grandes árboles, seguía haciendo calor, y el motor de Aurelio, sus piernas, dijeron que hasta aquí hemos llegado. Apenas había una valla de madera para apoyarse. El camino parecía ancho como para que llegara un coche al rescate, pero había ciertas dudas. Ignacio llamó al 112, y en seguida vino un pequeño todoterreno de una empresa de jardinería que estaba haciendo mantenimiento, y muy amablemente el conductor le llevó a la plaza de San Lorenzo. No es que hubiera allí una casa de socorro. Había un bar, y esa fue la solución. Recuperación casi inmediata.
Quedará para otra ocasión darse un paseo por Segovia, más pausado y contemplativo, invernal si se tercia. Merece la pena. Segovia es mucha Segovia.
Pedro Penzol se sumó directamente al bordemanteles, en La Taberna del Rancho. Ya todos sentados en mesa alargada, el almuerzo consistió en un menú que, la verdad, gustó a todo el mundo. Y no hubo amilanamientos, como corresponde a los montañeros de altas cumbres. Cayeron platos tan tremendos como callos a la segoviana, guiso de cordero con patatas panadera, y algún otro platazo. Los ligeritos también fueron abundantes, y las bebidas copiosas. Aquí hay estómagos como Dios manda, y forzudos que no necesitan ni siesta.
En momento propicio, Gonzalo se sacó de la mochila o la manga unos papeles, y dio pie a un precioso y emocionante momento de la jornada, propio del homenaje al que habíamos venido. Salva había preparado un sentido pero muy breve texto, y el relato de una de esas excursiones de juventud en las que Paco MC y él estuvieron en un tris de irse al otro barrio; ni Ramón ni yo la conocíamos. Pienso que nuestro padre se cuidaba de contarnos aventuras de esas, no fuera que siguiendo su ejemplo decidiéramos tentar a la suerte o a la Providencia. El caso es que salieron vivos de milagro de un resbalón por un nevero, los hijos de igual milagro hemos podido saberlo, y la concurrencia se quedó encantada con la narración. Gracias Salva por tus detalles de fidelísima amistad con nuestro padre, que has tenido siempre, y que ahora has tenido con nosotros, y también con él, de un modo más profundo.
Y en fin, después de los necesarios cafés ya era hora de volver. Nos despedimos con la promesa de volver, si bien los trabajos no lo ponen fácil, y para la jubilación, si siguen las cosas como van, nos queda un laaaaargo trecho. En todo caso, repetiremos más pronto que tarde, porque es un gustazo y un privilegio.
Antes de clausurar la narración, querría dar las gracias a los amigos Mierconistas; puedo asegurar que han hecho feliz a mi padre estos años, o al menos - por esto de que la felicidad es a veces muy trabajosa - han sido un enorme disfrute para él, que no es cualquier cosa: amaba profundamente el monte, la belleza, el arte, el pensamiento, la amistad, escribir, leer, pintar… y a Dios.
***************
Como epílogo, querría finalizar con una breve reflexión, fruto de una de las estupendas conversaciones que tuve en algún momento del trayecto. Las conclusiones del asunto al que me refiero creo que así las podría entender mi padre, si bien segurísimamente con otras palabras, matices, pero quizá con un mismo sentido.
Ante el misterio de la partida de alguien, más aún de un padre y un amigo, no pueden decirse muchas palabras. Hace unos años escuché una sentencia que me impresionó: frente al cartesiano «pienso, luego existo», está el «soy amado, luego existo». Para mí describe perfectamente lo que las cosas son. El misterio de la existencia se resuelve en ese ser amado. El primer amor es el de Dios: sin ese amor, nada seríamos. «Antes de formarte en el vientre, te conocí», dice el Señor por boca de Jeremías. Ese amor trasciende la muerte, porque la muerte no es la muerte óntica, la del ser: Jesús es quien nos lo mostró. Sin embargo, la ausencia y la orfandad de los que quedamos siguen siendo un misterio, porque no vemos, ni oímos, ni tocamos. Y aquí abajo esos sentidos nos parecen, a veces, todo.
Sentimos, profundamente, la falta de Paco. Sentimos que no lo sentimos. Pero si esa ausencia parece tan total, porque de él ya no nos queda nada que tocar, salvo los recuerdos y sus cosas, más total es su presencia amorosa, su estar amoroso, su ser amoroso. Por eso no ha sido un mero pasar, sino el paso por una vida que no termina. Así es: todo habría sido distinto sin Paco, y nada habría sido igual sin él. No son palabras nostálgicas.
Y porque es amado, por Dios primero y por nosotros, de forma imperfecta, después, Paco es, y misteriosamente está. El Señor ha tenido algún detalle bonito para mostrárnoslo, pequeño, casi imperceptible, y Su poder se muestra en mantenernos en una relación presente y eterna.

No hay comentarios:
Publicar un comentario