![]() |
El acebo que sirve de fondo a esta tarjeta ha sido fotografiado durante la excursión |
En esta crónica dejo constancia de que en el paseo, último antes del paréntesis navideño, se echa de menos a los tres ausentes, Pedro, Rafa y Salva, y de que hacemos votos porque las causas que les impiden asistir hoy no se ritualicen, a menos que ellos mismos deseen otra cosa lo que, en alguno de los casos, me parece improbable.
La singladura comienza de buen cariz, que diría un marino. Hecha la reducción de coches en Cotos, nos dirigimos a Prádena, provincia de Segovia y al otro lado de la sierra, donde nos espera José Luis A. A punto de echar a andar, a las 11 de esta mañana fresquita, aparca a nuestro lado un autobús del que desciende un nutrido grupo de señoras con indumentaria más bien urbana que, en animada conversación y sin dar la más mínima señal de haber advertido nuestra presencia, emprenden camino hacia la sierra con paso decidido. Nosotros mostramos igual desdén y hacemos lo propio, bien que por camino distinto. Causa asombro lo animada que puede estar la sierra de Segovia en una mañana de un miércoles cualquiera de diciembre.


El camino, suavemente ascendente, nos sitúa al poco rato de empezar a andar por encima del bosque de sabinas o enebros. Robles y acebos añaden al paisaje variedad y color en esta mañana que se va poniendo más gris por momentos. Las curvas de la amplia pista impiden seguir con la vista la marcha del grupo ya muy fragmentado. Es, por lo tanto, imposible saber los asuntos que se trataron en las diversas conversaciones aunque, en caso de haberlo sabido, no iba yo a dar cuenta de ellos aquí, en este medio tan público, universal y poco discreto.


La subida se prolonga durante hora y media aproximadamente hasta llegar a las inmediaciones de un estanque rodeado de una alambrada. Allí nos detenemos para el piscolabis, hoy escueto a fin de hacer sitio a las especialidades de La Pepi, restaurante de Arcones donde hemos reservado mesa para comer. Apenas se discute la posibilidad de seguir ascendiendo un rato más: el día es más propicio para la tranquila charla sin jadeos que la dificulten y para una celebración anticipada de las fechas "a borde manteles". De manera que, acabada la frugal colación y hechas unas fotos de paisaje y serenos rostros como el de Joaquín, emprendemos el camino de bajada, ahora por diferente ruta por aquello de que en la variedad está el gusto.


Baja la temperatura y aumenta el viento fresco del N. con algunas rachas de hasta 31 km/h. ¿Que como he sabido de tan preciso dato? No entraré en detalles, pero es que hoy los datos de casi cualquier cosa se pueden averiguar con facilidad. El problema reside en todo caso en el mal uso que se hace de ellos, empezando por los que los recogen y elaboran. Pero sigamos con lo nuestro antes de entrar en disquisiciones casi filosóficas. Se usan chaquetas de abrigo y guantes. El grupo se compacta, aunque Aurelio prefiere momentáneamente la meditativa soledad y el tranco fuera de caminos trillados. Volvemos al bosque de sabinas, robles y acebos, ahora más vistoso y fotogénico que a la ida. Es ocasión propicia para la foto de grupo y otras altas formas de expresión de la sensibilidad artística y actitud amigable de las que hacemos gala.




De esta forma, inofensiva para las especies protegidas y no protegidas, transcurre la última parte de la mañana, casi una hora entera, desde la 1 hasta cerca de las 2 de la tarde, hora en que llegamos al punto de partida y cogemos los coches para hacer el corto trayecto hasta Arcones.
La comida (alguien se refirió a su organización y preparación como "affair", seguramente sin saber lo que decía) estaba deliciosa, tanto el cocido, como la caldereta, las patatas panadera, la ensalada de tomate graciosamente aliñada y otros complementos entre las cuales no quiero dejar de mencionar el recio vino. Lo hago no por su ausente bouquet sino por el papel que pudo desempeñar durante el embarque de los comensales en sus vehículos y en la subsiguiente partida. La autoridad de tráfico estaba en la puerta, como quien dice, del restaurante controlando el nivel etílico de los conductores que pasaban por el lugar. Uno de nosotros, que se había abstenido absolutamente de probar el referido caldo, se ofreció voluntario a la prueba obteniendo como respuesta una cortés pero desangelada y sosa negativa y el permiso tácito para conducir. Digo yo que hoy las autoridades carecen de gracia en el trato y de sentido del humor; y que ésta es solamente mi opinión. Y, dicho esto, añado, acabando como empecé, que muy feliz Navidad para todos.
![]() |
La caldereta y no se hable más |